viernes, julio 3
jueves, julio 2
miércoles, julio 1
GRACIAS CLAUDIA BRUCH!!!!!!!!!!!!!!!
Hola a todos
+de+ZOO.jpg)
Estuve unos días sin escribir en mi amado blog, sí seguí subiendo cosas para reflexionar, información, pero no escribí. Es un tiempo que me tomé personalmente para mi, para pensar y reflexionar un poco, mirar para adentro profundamente.
Y me sirvió mucho.
Muchas cosas han pasado, lindas y de las otras. Pero siempre tratando de llevar todo con fuerza y dignidad.
Tatin está divino, cada vez más conectado con el arte en todas sus expresiones. El otro día fue al Museo de Bellas Artes con la profesora de Arte y lo retaron porque tocaba las pinturas, y abrazaba las esculturas. Cuando me enteré me morí de risa y de amor, porque no sabía que el arte se siente de una única manera, ja ja!!! Algo que nos encanta, porque el arte hace salir de adentro las cosas mas profundas. Dejó de tomar su medicación y está muy bien. Aprendiendo mucho de la mano de la pc, leer y escribir, nada menos...Su terapia marcha bien y estamos esperando con ansias el cambio a la nueva Institución, aunque no sin nostalgia porque su equipo actual trabaja formidablemente pero el cambio pasa por otros aspectos: sea que ya está grande para el domiciliario y tocó un techo, sea que una institución es lo adecuado para su estado, edad y nivel, sea también y porque no decirlo que estoy cansadisima del tratamiento domiciliario que si bien es el mejor en los primeros años es agotadoramente asfixiante tener gente en tu casa todo el tiempo: mutila tu privacidad, espantosamente, agota, agota y agota. No tiene que ver con las personas que lo impartan pero es invasivo.
He tenido también en este último tiempo que lidiar con cosas desagradables de otros padres en mi situación y me he decepcionado mucho pero también me sentí feliz del apoyo recibido. Eso me llenó el alma, la enriqueció. Y aquí estoy con nuevos proyectos propios que no tienen que ver con asociaciones porque deseo seguir mi lucha sola, pero respetando mis propias convicciones y creencias: luchar para que todas las personas con TGD sean respetadas en su derecho a la educación con todo lo que ello implica, luchar para que las obras sociales cumplan en tiempo y forma, ver la forma de concretar la construccion de escuelas especiales para personas con tgd y hogares para adultos. Colaborar con todas esas personas que día a día me escriben para pedirme orientación, que con gusto lo hago. Esos son mis sueños, utópicos, pero mios. Quien puede prohibirme soñar? Ya no quiero recibir amenazas, ni llamadas gritonas, ni gente que me difame, ni que me espíe. Porque yo hago, a mi manera, pero dignamente. Lamentablemente sé que tuve que dejar gente muy amada por mi y por mi familia en el camino porque no sentí su apoyo. Pero entiendo como son las cosas...juro que entiendo todo, pero no quita que duela mucho.
Y vamos por Tatin para adelante, amorosamente.
Gracias a todos por estar durante todo este tiempo
Mónica Galante, no fundadora ni iniciadora ni referente de nada pero que hace las cosas con ganas, con amor y valentía, siempre de frente.
Mi lucha no empezó el año pasado ni este, empezó el 30 de septiembre de 2002 a las 12.15 hs cuando en el Hospital Garrahan el Dr Ricardo Cersosimo diagnósticó a Tatin...
martes, junio 30
Natalia Denegri: Madrina de una Escuela para niños autistas
CAPITAL FEDERAL, Junio 24 (Agencia NOVA) La modelo Natalia Denegri, quien ya desde hace tiempo realiza tareas humanitarias, como por ejemplo, colaborar junto a la Fundación Televisa para los inundados de Chiapas en México, y ayudar al hogar de Mónica Carranza “Los carasucias”, es también desde hace un par de años Madrina de una escuela para niños autistas, cuyo Padrino también es el empresario y conductor Mario Pergolini.
Actualmente, Natalia está tratando de conseguir un inmueble para crear el primer hogar polifuncional del país, y es por eso que se encuentra aguardando una audiencia con funcionarios del gobernador bonaerense Daniel Scioli.
El hogar contaría con un programa de Zooterapia, que es una técnica basada en estimulación dado por animales, y a veces éstos mismos logran lo que muchas veces ni la familia ni los profesionales pueden hacer.
En México, por ejemplo, le comentó Natalia a Agencia NOVA, tuvo la posibilidad en varias ocasiones de nadar con delfines, y vio cómo padres llevan a los hijos autistas al contacto con los estos animalitos, quienes por el sonido que emanan transmiten comportamientos terapéuticos.
Los delfines actúan como maestros terapeutas, no solo por su conducta hacia nosotros en medios saludables para ellos, sino porque emiten sonidos que equilibran la homeostasis de nuestro ser.
De los delfines aprendemos su sentido lúdico de la vida y a compartir juegos y a relajarnos relajándoles a su vez a ellos, ya que son animales nerviosos y juguetones, y según investigaciones, ya extendidas mundialmente, son muy buenos terapeutas, tanto para niños con disfuncionalidades, como para ancianos y, para todas las personas que aprecien el jugar e interaccionar un rato con ellos, por supuesto en su medio. Emiten sonidos curativos y son sanadores holísticos.
“Aquí en la Argentina hay un decreto que prohíbe que los delfines coactúen con los chicos discapacitados. Sería muy bueno poder hablar con funcionarios del Ministerio de Salud de la Nación para revertir esta situación ya que los demás países como México, Estados Unidos y Jamaica están permitidos”, agregó Natalia Denegri.
Por su parte, la conductora indicó que “además, en el hogar tendrían talleres de huerta, escultura, música, baile, teatro y radio. Con los mismos, daríamos personal hincapié para poder sociabilizar a los niños con TGD y que interiormente se sientan útiles a ellos mismos y a sus compañeros”.
“El hogar funcionaría con residencia permanente y temporaria. En España se denominan casas de respiro, dada la patología de los niños y adolescentes bajo tratamiento, ya que estos niños son dependientes de por vida y necesitan atención personalizada”, aseguró.
Natalia además es Madrina de Ornela, la hija de la presidenta de la escuela AUPA. Es por eso que le preguntamos a la actriz cómo fue que se involucró con este tipo de casos de niños con TGD. Para contactarse con la institución se puede ingresar vía Internet a www.aupa.org.ar.
Ella nos comentó que se sensibilizó mucho con Ornela, además del cariño que le tomó con el correr de los años, “y al conocer dicha institución empecé a interiorizarme con este trastorno y con el autismo en general”.
Natalia, además desde hace años practica diferentes terapias como el yoga y la meditación, y ella nos relata que pudo entender mediante estas técnicas y leer mucho de Brian Weis “el porqué de la existencia de cada ser, y que cada uno de nosotros tenemos una misión en esta vida. Lo bueno es poder darse cuenta, y para eso nunca es tarde, lo importante es despertar a eso y encontrar el verdadero yo y estar en armonía con los chacras para estar bien con uno mismo y así poder estarlo con el resto”.
Al respecto, dijo que “a raíz de esto uno ve mas allá de las cosas frívolas y se empieza a sensibilizar, a elevar como ser humano y ver que se puede desde el corazón ayudar a quien lo necesita”.
Natalia, además de este proyecto, está analizando propuestas para iniciar un ciclo en televisión nuevamente conducido por ella como lo hizo en los años 2003 y 2004 cuando estuvo al frente del magazine “Angel o demonio”. Ahora el formato seria similar, agregando más entrevistas a políticos, debido a que se vienen años muy movidos por las campañas electorales con vistas a la presidencia del 2011.
Recordemos que el mes pasado la modelo fue distinguida por su mejor amigo, el empresario Omar Suárez, a quien conoce hace más de 10 años, con una placa como primera pionera en reality shows.
Finalmente, Natalia nos cuenta que con ese premio que recibió con mucho cariño, entregado por el mismo Omar Suárez junto a Hernán Caire, cerró la parte mediática de su vida pasada, para continuar con esta nueva etapa, y esta vez volver a los medios televisivos como conductora, con el fin de ayudar al prójimo como lo viene haciendo hace tiempo. (www.agencianova.com)
Actualmente, Natalia está tratando de conseguir un inmueble para crear el primer hogar polifuncional del país, y es por eso que se encuentra aguardando una audiencia con funcionarios del gobernador bonaerense Daniel Scioli.
El hogar contaría con un programa de Zooterapia, que es una técnica basada en estimulación dado por animales, y a veces éstos mismos logran lo que muchas veces ni la familia ni los profesionales pueden hacer.
En México, por ejemplo, le comentó Natalia a Agencia NOVA, tuvo la posibilidad en varias ocasiones de nadar con delfines, y vio cómo padres llevan a los hijos autistas al contacto con los estos animalitos, quienes por el sonido que emanan transmiten comportamientos terapéuticos.
Los delfines actúan como maestros terapeutas, no solo por su conducta hacia nosotros en medios saludables para ellos, sino porque emiten sonidos que equilibran la homeostasis de nuestro ser.
De los delfines aprendemos su sentido lúdico de la vida y a compartir juegos y a relajarnos relajándoles a su vez a ellos, ya que son animales nerviosos y juguetones, y según investigaciones, ya extendidas mundialmente, son muy buenos terapeutas, tanto para niños con disfuncionalidades, como para ancianos y, para todas las personas que aprecien el jugar e interaccionar un rato con ellos, por supuesto en su medio. Emiten sonidos curativos y son sanadores holísticos.
“Aquí en la Argentina hay un decreto que prohíbe que los delfines coactúen con los chicos discapacitados. Sería muy bueno poder hablar con funcionarios del Ministerio de Salud de la Nación para revertir esta situación ya que los demás países como México, Estados Unidos y Jamaica están permitidos”, agregó Natalia Denegri.
Por su parte, la conductora indicó que “además, en el hogar tendrían talleres de huerta, escultura, música, baile, teatro y radio. Con los mismos, daríamos personal hincapié para poder sociabilizar a los niños con TGD y que interiormente se sientan útiles a ellos mismos y a sus compañeros”.
“El hogar funcionaría con residencia permanente y temporaria. En España se denominan casas de respiro, dada la patología de los niños y adolescentes bajo tratamiento, ya que estos niños son dependientes de por vida y necesitan atención personalizada”, aseguró.
Natalia además es Madrina de Ornela, la hija de la presidenta de la escuela AUPA. Es por eso que le preguntamos a la actriz cómo fue que se involucró con este tipo de casos de niños con TGD. Para contactarse con la institución se puede ingresar vía Internet a www.aupa.org.ar.
Ella nos comentó que se sensibilizó mucho con Ornela, además del cariño que le tomó con el correr de los años, “y al conocer dicha institución empecé a interiorizarme con este trastorno y con el autismo en general”.
Natalia, además desde hace años practica diferentes terapias como el yoga y la meditación, y ella nos relata que pudo entender mediante estas técnicas y leer mucho de Brian Weis “el porqué de la existencia de cada ser, y que cada uno de nosotros tenemos una misión en esta vida. Lo bueno es poder darse cuenta, y para eso nunca es tarde, lo importante es despertar a eso y encontrar el verdadero yo y estar en armonía con los chacras para estar bien con uno mismo y así poder estarlo con el resto”.
Al respecto, dijo que “a raíz de esto uno ve mas allá de las cosas frívolas y se empieza a sensibilizar, a elevar como ser humano y ver que se puede desde el corazón ayudar a quien lo necesita”.
Natalia, además de este proyecto, está analizando propuestas para iniciar un ciclo en televisión nuevamente conducido por ella como lo hizo en los años 2003 y 2004 cuando estuvo al frente del magazine “Angel o demonio”. Ahora el formato seria similar, agregando más entrevistas a políticos, debido a que se vienen años muy movidos por las campañas electorales con vistas a la presidencia del 2011.
Recordemos que el mes pasado la modelo fue distinguida por su mejor amigo, el empresario Omar Suárez, a quien conoce hace más de 10 años, con una placa como primera pionera en reality shows.
Finalmente, Natalia nos cuenta que con ese premio que recibió con mucho cariño, entregado por el mismo Omar Suárez junto a Hernán Caire, cerró la parte mediática de su vida pasada, para continuar con esta nueva etapa, y esta vez volver a los medios televisivos como conductora, con el fin de ayudar al prójimo como lo viene haciendo hace tiempo. (www.agencianova.com)
lunes, junio 29
Dommy Lenna un relato de Leandro Aires, para pensar y reflexionar
Tomy tenía a penas dos años cuando fue abandonado por primera vez, y desde entonces su vida transcurrió en medio de la tristeza y la pobreza. Su corazón experimentaba sentimientos que su cuerpo no podía expresar, porque no hacia otra cosa que oscilar hacia delante y hacia atrás día y noche, como un péndulo humano carente de emociones. Su vista permanecía clavada en el cielo pareciendo esperar alguna ayuda celestial, o como si deseara que alguien allí arriba se apiadara de él y lo llevara lejos de ese mundo en el que solo había experimentado la insensibilidad y el dolor. Nadie le hablaba y no sabía lo que era una caricia. Nunca lo habían abrazado, ni mucho menos besado. Y flotando a la deriva perdido en un mar de exclusión, Tomy apenas balbuceaba algunas palabras con las que trataba en vano de llamar la atención. Dommmy... dommmy... dommmy… repetía con su torpe aletargada voz, mientras un hilillo de baba asomaba por las comisuras de su boca. Primero intentando decir su nombre pero más tarde, sabiendo que esas ininteligibles expresiones podían resultar muy dolorosas para los demás. Incluso mortales.
La vieja casa de madera y chapas se convertía en un lugar inhabitable durante el invierno, cuando las bajas temperaturas enfriaban con crudeza cada rincón a pesar de la improvisada estufa a leña que Omar (el padrastro de Tomy) instalaba en el comedor. La pequeña Elena se sentaba de inmediato junto al fuego y peinaba durante horas una desvencijada muñeca de trapo, mientras de reojo observaba temerosa a su nuevo hermanastro que se balanceaba incansablemente mirando el techo. Durante las primeras semanas no se animo a acerarse a Tomy pero con el tiempo, comenzó a sentarse cada vez más cerca del pequeño que parecía ignorarla por completo. Ella le acercaba la muñeca intentando establecer un contacto con el niño, pero este permanecía día y noche sumido en su mundo de repetición y autismo. Parecía no sufrir el frío ni necesitar acercarse al calor de las llamas. Pasaba días enteros sin comer y, cuando lo hacía, era porque Elena, habiendo olvidado y abandonado sus temores iniciales, se ocupaba de que tragara cada cucharada de sopa o guiso (que era lo único que podían comprar) a veces incluso obligándolo. “Deja a ese estúpido, de todas formas es como si estuviese muerto”, gritaba Omar cada vez que ella intentaba ayudarlo. Pero Elena no le hacia caso a pesar de que a veces, sin importar si estaba ebrio o sobrio, llegaba a golpearla con dureza. Porque a ella no le interesaba la subvención que el gobierno le pagaba a su padre por tener a Tomy allí, solo quería que él no sufriese lo que ella había sufrido.
Cuando Tomy pronuncio el nombre de su hermanastra por primera vez, ella no pudo más que echarse a llorar de la emoción. El pequeño había esbozado una leve sonrisa sin dejar de mirar el techo, y casi sin separar los labios dejo escapar los agudos sonidos que su hermanastra interpretó de inmediato.
- Lennnnnnnnnnnna... lennnnnnnnnna... lennnnnnnnnnna...
Su rostro era el mismo de siempre, al igual que su postura y sus movimientos. Pero algo en su mirada había cambiado y Elena lo percibió rápidamente. Había un brillo inusual en sus ojos que intentaba transmitir un sentimiento nuevo, algo que probablemente nunca antes había experimentado y que ahora, gracias a su hermanastra, surgía desde las profundidades de su alma maltratada.
-Elena... Elena...- dijo la niña visiblemente emocionada, con las mejillas bañadas en lágrimas y una gigantesca sonrisa dibujada en el rostro.
-Lennnnnnnnnnnnna... lennnnnnnnnna... – la siguió Tomy, que segundos después estallo en una aparatosa risotada.
La niña nunca lo había visto reír, y supuso que nunca antes lo había hecho. Parecía como si todo aquello fuese nuevo para él, como si el simple hecho de recibir atención estuviese produciendo efectos tan poderosos como cualquier medicina. Estaba segura de que algo había comenzado a nacer dentro de Tomy, y crecía a pasos agigantados con cada segundo de afecto que ella le regalaba. Podía ver apagarse el infierno dentro del niño y dar lugar a una luz incandescente de esperanza, emergiendo desde los nuevos sentimientos que fluían en su interior. Reforzándose con cada sonrisa, e incrementando su fuerza con cada segundo de felicidad que Elena le brindaba desinteresadamente. Teniendo incluso que soportar los gritos y reproches de su padre, además de las despiadadas golpizas. Los cachetazos en el rostro, o los latigazos que le propinaba con una vieja soga. “Te dije que dejaras a ese imbecil y te ocuparas de la casa” le decía cada noche con gritos que retumbaban en los oídos de la niña, aún horas más tarde cuando, ahogada en un mar de lágrimas, intentaba conciliar el sueño. La golpeaba frenéticamente incluso delante de Tomy, que parecía no darse cuenta de lo que sucedía. Mantenía la vista clavada en el techo como siempre, pero su balanceo se aceleraba. Cerraba los ojos y comenzaba a murmurar su nombre lentamente... Dommmmmmy... Dommmmmy... pero cada vez más rápido... Dommmy, Dommmy, Dommmy... con cada golpe que Elena recibía, el apretaba más los párpados, incrementaba el volumen de su voz y aceleraba la dicción… Dommy, Dommy, Dommy, Dommy… y a pesar de que Omar y Elena envueltos en un manto de violencia sin sentido no lo percibían, algo estaba cambiando dentro del niño... creciendo sin control... algo oscuro que se alimentaba de los gritos de la pequeña, y de su llanto. Que había nacido con las golpizas, y crecía cada noche cuando Omar desataba su furia sobre la indefensa Elena. Algo que estaba a punto de salir a cobrar venganza, y que Tomy no podía evitar. No quería evitar.
Cuando Elena encontró los papeles en la habitación de su padre, supo que la presencia de Tomy en esa casa no solo se era cuestión de dinero. Había ciertas connotaciones políticas que la ayudaban a entender las reiteradas visitas de algunos hombres extraños a su casa, y las promesas que estos le hacían a su padre. Ella los veía como seres despreciables con amplias sonrisas infestadas de blancos y destellantes dientes, que se sacudían el polvillo de sus costosos trajes cada vez que cruzaban la puerta de la vieja casona de chapa. “Vamos a cambiarle la vida si nos hace tal o cual favor”, solían decir mientras palmeaban la espalda de Omar y emitían pequeñas carcajadas bonachonas. Su padre asentía y estrechaba sus manos de inmediato, sellando con eso un pacto en el que siempre llevaba las de perder. Pero más allá de todas esas asquerosas mentiras e intereses, Elena descubrió en la documentación un dato más importante que cualquier promesa o suma de dinero. Incluso tuvo que leerlo en voz alta para creer lo que sus ojos veían impreso sobre el papel.
-Tomas Javier… sin apellido… fecha de nacimiento, 16 de junio de (año sin confirmar)…- leyó en voz baja. Luego desvió su vista hacia la pared donde una chica de grande senos sostenía bajo sus pies el almanaque de su padre.
-Es su cumpleaños- murmuro incrédula- hoy… es su cumpleaños- repitió con una gran sonrisa decorándole el rostro.
No podía contener la felicidad, y se hecho a reír a carcajadas. Corrió hacia el comedor donde Tomy descansaba sobre un viejo almohadón, balaceándose y balbuceando vocales mientras mantenía su vista clavada en el techo. Se acerco a él y lo abrazo con tanta fuerza que el niño emitió un leve quejido.
-¡Es tu cumpleaños!- grito mientras la sonrisa en su rostro se hacia cada vez más grande- ¡Feliz cumpleañoooooooos, feliz cumpleañooooooooooos!- Cantaba y gritaba mientras sostenía las manos del pequeño que, sin quitar la vista del techo, sonreía al compás del balanceo de su cuerpo y los abrazos de su hermanastra.
-Leeeennnnnnnnnaaaaaaaaaa… lennnnnnnnnaaaaaaaaaaa… - atino a decir Tomy un par de veces, pero sin parecer comprender lo que sucedía.
-¡Voy a prepararte una fiesta de cumpleaños!- dijo Elena sosteniéndolo de las manos- No tengo dinero para comprarte regalos ni postres, pero te prometo que será el mejor cumpleaños que hallas tenido- dijo la niña en cuyo rostro, además de la feliz sonrisa, ahora aparecían algunas lagrimas recorriéndole las mejillas a causa de la emoción.
Omar estaba fuera de casa, como todos los días. Probablemente haciendo algún trabajo o quizá emborrachándose, pero en cualquier caso a Elena no le importaba mientras se mantuviese alejado de Tomy. De hecho la ausencia de su padre le sirvió para organizar con tranquilidad la fiesta de cumpleaños del pequeño que, a pesar de haber demostrado algo de felicidad, parecía no darse cuenta de lo que sucedía. Elena iba y venía con adornos y globos que le había regalado Enrique el quiosquero (un viejo amigo de su abuelo), e incluso consiguió un par de porciones de torta en la panadería de Doña Elba y Don Antonio, que siempre le regalaban algún chocolate o incluso huevos de pascua cuando era la temporada. Decoro la casa con cuanto objeto colorido encontró, escribió el nombre del pequeño Tomy junto a un viejo cartel que rezaba “Feliz Cumpleaños” y en el que media docena de payasos hacían piruetas con pelotas y cubos, coloco una pequeña vela sobre las porciones de torta, y finalmente se dispuso a iniciar el festejo junto a su hermanastro. Le vendo los ojos, lo alzo para llevarlo hasta el comedor y finalmente lo sentó frente a la mesa.
-Lennnnnnnnaaaaaaaa… lennnnnaaaaaaaaaaaaa…- repetía el pequeño mientras sacudía la cabeza hacia los costados, visiblemente molesto por el vendaje.
-Uno, dos… ¡tres!- contó Elena y luego le quito el vendaje de los ojos- ¡Feliz cumpleañoooooooooooooooooooooos!- grito saltando y sacudiendo en el aire una vieja botella que había llenado con piedritas a modo de maraca.
Tomy ceso de balancearse. Sus ojos se abrieron como nunca antes, y una gigantesca sonrisa invadió su rostro en pocos segundos. Estaba expresando felicidad, y Elena pudo captarlo. Movía la cabeza de un lado a otro recorriendo con su mirada los globos, los adornos, los carteles y cuanta cosa había preparado su hermanastra para él. Parecía no entender lo que sucedía, pero lo comprendía muy bien. Estaba experimentando un sentimiento de felicidad tan grande, que su inexperto cuerpo no sabía cómo interpretarlo ni transmitirlo. No encontraba la forma de exteriorizar todo aquello que lo invadía por dentro, que le hacía vibrar cada fibra y temblar el corazón. Que le hacía querer reír y llorar al mismo tiempo, pero sin poder emitir una sola carcajada ni derramar una sola lagrima..
-Te quiero- dijo la voz de Elena a espaldas del pequeño, que enseguida derramo una lágrima.
-Lennnnna… lennnnna… lennnna- dijo Tomy apretando los ojos con fuerza, como si tratara de decir algo más que solo el nombre de su hermanastra.
Elena se coloco delante del niño, y extendió su mano cerrada en puño hacia él. Tomy miro la mano desconcertado, hamacándose con un pequeño movimiento que comenzaba a aparecer nuevamente. La niña giro la mano colocando el pulgar hacia arriba, y abrió lentamente sus dedos dejando ver un pequeño auto de juguete.
-Este es mi regalo, no es nuevo porque no puedo comprarlo pero espero que te guste- dijo Elena con una temblorosa y emocionada sonrisa en el rostro.
Tomy miro el autito durante varios segundos, y finalmente Elena lo coloco entre las manos del pequeño. Nunca le habían festejado su cumpleaños, ni mucho menos recibido un regalo. Todo aquello era demasiado, y lo colocaba al borde de un colapso emocional. Observo el pequeño auto y luego a su hermanastra. Los labios del niño temblaban de forma inusual como si estuviese experimentando un frió atroz, pero no se trataba de eso. Sostenía el regalo entre sus manos y murmuraba palabras en voz baja, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas que descendían por las mejillas para luego caer al vacío y morir sobre su falda. Elena acaricio su rostro y luego le beso la frente. Lo contemplo un rato preguntándose ¿que estaría sintiendo?. ¿Que sucedería dentro de la cabeza de aquel pequeño en ese momento?. ¿Qué nuevas sensaciones estaría tratando de descifrar su dolida alma?, que toda la vida había hablado solo el idioma del abandono y el maltrato. La niña camino hacia la cocina en busca de un cuchillo con el que cortar las porciones de torta, pero antes de que pudiese dar dos pasos algo detuvo su marcha. Una voz detrás de ella dijo algo que hubiese resultado indescifrable para cualquier otra persona, pero que la pequeña interpreto a la perfección.
-Equeeeeeeeeeeeeeeerrrrroooooooo… lennnnnnnnnaaaaaaaaa… equeeeeeeeeeerrrroooooooooooo…- sonó la voz de Tomy, que ahora retumbaba en el corazón de la niña.
Elena supo en ese preciso momento lo que significaba ser feliz. Sintió cada sonido de aquella frase atravesarla por completo, llegando hasta lo más profundo de su ser e incluso tocándole el alma. Durante varios segundos permaneció estática de espaldas a Tomy. Su mente y su corazón (al igual que los de Tomy) no sabían de felicidad, solo de dolor y tristeza. Era un dialecto diferente, un mundo diferente que jamás habían visitado. Sus vidas transcurrían entre la indiferencia de los demás y la pena de no ser nada para nadie. Entre el no saber nada, o solo saber que aquello que para otros era moneda corriente para ellos era inalcanzable. Que aquello que algunos definían como amor les era esquivo, o les había sido esquivo…hasta hoy.
Los niños se fundieron en un abrazo interminable. Elena lloraba por momentos para luego echarse a reír, mientras que Tomy repetía una y otra vez el nombre de su pequeña hermanastra. No querían soltarse y podían sentirlo en la fuerza de los bracitos del otro rodeándole el cuerpo y presionándole la espalda. El llanto de Elena baño la espalda de Tomy, y las lagrimas del niño hicieron lo propio sobre el largo cabello de la pequeña. Sus corazones latían con tal fuerza que parecían querer escapar de sus pechos, ya fundirse también en un abrazo infinito. Entonces ya no hubo tiempo ni cumpleaños. No hubo torta ni regalo. Todo a su alrededor se volvió débil o hasta irreal, y durante varios minutos solo existieron ellos como hermanos. Sumidos y ahogándose en un océano de amor y felicidad, que les permitía respirar nuevas emociones. Percibir la posibilidad de una nueva vida, en la que tal vez llegasen a ser felices alguna vez.
-Felices...- murmuro Elena sin soltar a Tomy.
-Lennnnnnnnnna... – dijo el pequeño sollozando, y rodeando con mas fuerza a la niña.
-¡¿Que mierda es todo esto?!- grito Omar al entrar a la casa...
Elena sintió que se le paralizaba el corazón. Soltó a Tomy y le dio la espalda, como intentando protegerlo. Su rostro evidenciaba pánico, y todo su cuerpo temblaba al borde de las convulsiones.
-Papá... es el cumpleaños de Tomy y quise...
La mano de Omar impacto de lleno en la mejilla izquierda de Elena, que cayo sobre varios de los adornos destrozándolos por completo.
-¡Me importa un carajo si es su cumpleaños o si esta por morirse, esta es mi puta casa y no un puto salón de fiestas!- grito el inmenso hombre acercándose a la niña, e ignorando al pequeño que había comenzado a acelerar su balanceo y a murmurar de nuevo.
-Por favor papa no me...- dijo Elena derramando bocanadas de sangre, antes de que Omar le asestara una patada en las costillas.
-Eres una mierda, tan mierda como tu madre- exclamo Omar, tomando a la pequeña de los pelos y alzándola en el aire- Esto es una falta de respeto y me la vas a pagar ahora mismo- dijo acercando su rostro al de la niña, que pataleaba débilmente con sus pequeños pies salpicados por la sangre que brotaba de su boca. Omar apestaba a alcohol, como casi siempre, y eso empeoraba las cosas.
-Dommmmmmmmmmmmy... – dijo una voz dentro de la cabeza de Omar, que luego de dejar caer a la niña dirigió su mirada al pequeño.
-¿Y tu que mierda quieres mocoso?, mas tarde me encargare de ti retardado- dijo Omar con una leve sonrisa dibujada en el rostro- Ahora mi cinturón y yo tenemos mejores cosas que hacer con esta estúpida.
-Dommmmmmmmmmy...- escucho nuevamente Omar, pero la boca del niño no se movía en absoluto. El rostro del hombre se crispo en un extraño gesto. Se tomo la cabeza con ambas manos como si estuviese mareado, cerro los ojos y luego volvió a abrirlos. –Demasiada cerveza...- dijo, y camino hacia Elena con el cinturón colgando de su mano.
La niña se movía en el suelo, intentando en vano ponerse de pie. Omar se acerco a ella blandiendo el cinturón, y dando golpes con el en su pierna.
-¿Querías una fiesta? pues vas a tener una- dijo entre risas y babeando por un costado de la boca.
-No papá... no lo...- el cinturón golpeo en el brazo izquierdo de la niña, haciendo explotar un chasquido en el aire. Y luego otro, y otro... y...
-DOMMMMMMMMMMMMMYYYYYYYYYYYYYYYY... – sonó de nuevo la voz, pero esta vez parecía algo enfurecida... casi un grito en la cabeza de Omar, que hasta tuvo que taparse los oídos.
El hombre miro al pequeño niño que ahora se sacudía hacia delante y atrás con violencia sobre la silla. Tenia sus ojos clavados en Omar, pero su boca permanecía inmóvil.
-¡¿Quien mierda te has creído para gritarme?!- exclamo el hombre observando al niño – Maldito invalido yo te voy a enseñar a respetar- dijo Omar acercándose a Tomy, y golpeando nuevamente el cinturón contra su pierna.
Tomy no se movió, incluso dejo de balancearse en tan solo un segundo. Su padrastro agito el cinturón en el aire, como un cowboy que se prepara para enlazar al ganado, y finalmente lo dirigió con violencia hacia el rostro del pequeño...
-DOOOOMMMMMMMMMMMYYYYYYYYYYYYY...- esta vez la voz retumbo en toda la casa. El brazo de Omar se congelo en el aire, y el resto de su cuerpo se paralizo.
-¿Qué mierda...?- dijo el hombre desconcertado. Tomy se puso de pie sobre la silla, como si estos movimientos le resultaran tan naturales y familiares como su balanceo característico. Su rostro estaba lleno de odio, y de sus ojos completamente blancos brotaban destellos de pura venganza. Las paredes y el techo de chapa de la vieja casa temblaban dejando entrar pequeños haces de luz del exterior, y detrás de ellos la única ventana de la habitación estallo en mil pedazos.
-DOOOOOOOMMMMMMMMMMMMMMMMMYYYYYYYYYYYYY...
-Que... no... aghhhhhhhhhhhhhhhh... – Omar intento defenderse, pero no podía controlar su cuerpo. Trato de decir algo pero su boca no le respondía, y solo pudo vomitar bocanadas de saliva que descendieron por su cuello mojándole la camisa. Temblaba descontroladamente como si algo estuviese manejando sus nervios o metido en su cerebro. Pensaba cosas e insultos que quería gritarle al niño, pero no podía. Sus brazos y sus piernas parecían trozos de madera sin articulaciones, y de pronto se encontró sentado en medio del comedor.
-Dommmmmy... Lennnnnnaaaa... dijo el pequeño, volviendo a sentarse en la silla.
Omar permanecía en medio de la habitación sin poder moverse, con la vista clavada en el techo y balanceándose hacia los lados mientras su boca babeaba incesantemente. Elena intentaba ponerse de pie y sintió una mano posarse sobre su hombro. Un estremecimiento se apodero de ella, pero solo hasta que vio que no se trataba de su padre. La mano era demasiado pequeña, y sostenía su hombro con delicadeza.
-¿Tomy?- dijo la niña mientras se incorporaba.
- Elena...- sonó la débil voz, de quien ahora viviría sin el constante balanceo y podría mirar a la pequeña a los ojos.
Leandro Aires
La vieja casa de madera y chapas se convertía en un lugar inhabitable durante el invierno, cuando las bajas temperaturas enfriaban con crudeza cada rincón a pesar de la improvisada estufa a leña que Omar (el padrastro de Tomy) instalaba en el comedor. La pequeña Elena se sentaba de inmediato junto al fuego y peinaba durante horas una desvencijada muñeca de trapo, mientras de reojo observaba temerosa a su nuevo hermanastro que se balanceaba incansablemente mirando el techo. Durante las primeras semanas no se animo a acerarse a Tomy pero con el tiempo, comenzó a sentarse cada vez más cerca del pequeño que parecía ignorarla por completo. Ella le acercaba la muñeca intentando establecer un contacto con el niño, pero este permanecía día y noche sumido en su mundo de repetición y autismo. Parecía no sufrir el frío ni necesitar acercarse al calor de las llamas. Pasaba días enteros sin comer y, cuando lo hacía, era porque Elena, habiendo olvidado y abandonado sus temores iniciales, se ocupaba de que tragara cada cucharada de sopa o guiso (que era lo único que podían comprar) a veces incluso obligándolo. “Deja a ese estúpido, de todas formas es como si estuviese muerto”, gritaba Omar cada vez que ella intentaba ayudarlo. Pero Elena no le hacia caso a pesar de que a veces, sin importar si estaba ebrio o sobrio, llegaba a golpearla con dureza. Porque a ella no le interesaba la subvención que el gobierno le pagaba a su padre por tener a Tomy allí, solo quería que él no sufriese lo que ella había sufrido.
Cuando Tomy pronuncio el nombre de su hermanastra por primera vez, ella no pudo más que echarse a llorar de la emoción. El pequeño había esbozado una leve sonrisa sin dejar de mirar el techo, y casi sin separar los labios dejo escapar los agudos sonidos que su hermanastra interpretó de inmediato.
- Lennnnnnnnnnnna... lennnnnnnnnna... lennnnnnnnnnna...
Su rostro era el mismo de siempre, al igual que su postura y sus movimientos. Pero algo en su mirada había cambiado y Elena lo percibió rápidamente. Había un brillo inusual en sus ojos que intentaba transmitir un sentimiento nuevo, algo que probablemente nunca antes había experimentado y que ahora, gracias a su hermanastra, surgía desde las profundidades de su alma maltratada.
-Elena... Elena...- dijo la niña visiblemente emocionada, con las mejillas bañadas en lágrimas y una gigantesca sonrisa dibujada en el rostro.
-Lennnnnnnnnnnnna... lennnnnnnnnna... – la siguió Tomy, que segundos después estallo en una aparatosa risotada.
La niña nunca lo había visto reír, y supuso que nunca antes lo había hecho. Parecía como si todo aquello fuese nuevo para él, como si el simple hecho de recibir atención estuviese produciendo efectos tan poderosos como cualquier medicina. Estaba segura de que algo había comenzado a nacer dentro de Tomy, y crecía a pasos agigantados con cada segundo de afecto que ella le regalaba. Podía ver apagarse el infierno dentro del niño y dar lugar a una luz incandescente de esperanza, emergiendo desde los nuevos sentimientos que fluían en su interior. Reforzándose con cada sonrisa, e incrementando su fuerza con cada segundo de felicidad que Elena le brindaba desinteresadamente. Teniendo incluso que soportar los gritos y reproches de su padre, además de las despiadadas golpizas. Los cachetazos en el rostro, o los latigazos que le propinaba con una vieja soga. “Te dije que dejaras a ese imbecil y te ocuparas de la casa” le decía cada noche con gritos que retumbaban en los oídos de la niña, aún horas más tarde cuando, ahogada en un mar de lágrimas, intentaba conciliar el sueño. La golpeaba frenéticamente incluso delante de Tomy, que parecía no darse cuenta de lo que sucedía. Mantenía la vista clavada en el techo como siempre, pero su balanceo se aceleraba. Cerraba los ojos y comenzaba a murmurar su nombre lentamente... Dommmmmmy... Dommmmmy... pero cada vez más rápido... Dommmy, Dommmy, Dommmy... con cada golpe que Elena recibía, el apretaba más los párpados, incrementaba el volumen de su voz y aceleraba la dicción… Dommy, Dommy, Dommy, Dommy… y a pesar de que Omar y Elena envueltos en un manto de violencia sin sentido no lo percibían, algo estaba cambiando dentro del niño... creciendo sin control... algo oscuro que se alimentaba de los gritos de la pequeña, y de su llanto. Que había nacido con las golpizas, y crecía cada noche cuando Omar desataba su furia sobre la indefensa Elena. Algo que estaba a punto de salir a cobrar venganza, y que Tomy no podía evitar. No quería evitar.
Cuando Elena encontró los papeles en la habitación de su padre, supo que la presencia de Tomy en esa casa no solo se era cuestión de dinero. Había ciertas connotaciones políticas que la ayudaban a entender las reiteradas visitas de algunos hombres extraños a su casa, y las promesas que estos le hacían a su padre. Ella los veía como seres despreciables con amplias sonrisas infestadas de blancos y destellantes dientes, que se sacudían el polvillo de sus costosos trajes cada vez que cruzaban la puerta de la vieja casona de chapa. “Vamos a cambiarle la vida si nos hace tal o cual favor”, solían decir mientras palmeaban la espalda de Omar y emitían pequeñas carcajadas bonachonas. Su padre asentía y estrechaba sus manos de inmediato, sellando con eso un pacto en el que siempre llevaba las de perder. Pero más allá de todas esas asquerosas mentiras e intereses, Elena descubrió en la documentación un dato más importante que cualquier promesa o suma de dinero. Incluso tuvo que leerlo en voz alta para creer lo que sus ojos veían impreso sobre el papel.
-Tomas Javier… sin apellido… fecha de nacimiento, 16 de junio de (año sin confirmar)…- leyó en voz baja. Luego desvió su vista hacia la pared donde una chica de grande senos sostenía bajo sus pies el almanaque de su padre.
-Es su cumpleaños- murmuro incrédula- hoy… es su cumpleaños- repitió con una gran sonrisa decorándole el rostro.
No podía contener la felicidad, y se hecho a reír a carcajadas. Corrió hacia el comedor donde Tomy descansaba sobre un viejo almohadón, balaceándose y balbuceando vocales mientras mantenía su vista clavada en el techo. Se acerco a él y lo abrazo con tanta fuerza que el niño emitió un leve quejido.
-¡Es tu cumpleaños!- grito mientras la sonrisa en su rostro se hacia cada vez más grande- ¡Feliz cumpleañoooooooos, feliz cumpleañooooooooooos!- Cantaba y gritaba mientras sostenía las manos del pequeño que, sin quitar la vista del techo, sonreía al compás del balanceo de su cuerpo y los abrazos de su hermanastra.
-Leeeennnnnnnnnaaaaaaaaaa… lennnnnnnnnaaaaaaaaaaa… - atino a decir Tomy un par de veces, pero sin parecer comprender lo que sucedía.
-¡Voy a prepararte una fiesta de cumpleaños!- dijo Elena sosteniéndolo de las manos- No tengo dinero para comprarte regalos ni postres, pero te prometo que será el mejor cumpleaños que hallas tenido- dijo la niña en cuyo rostro, además de la feliz sonrisa, ahora aparecían algunas lagrimas recorriéndole las mejillas a causa de la emoción.
Omar estaba fuera de casa, como todos los días. Probablemente haciendo algún trabajo o quizá emborrachándose, pero en cualquier caso a Elena no le importaba mientras se mantuviese alejado de Tomy. De hecho la ausencia de su padre le sirvió para organizar con tranquilidad la fiesta de cumpleaños del pequeño que, a pesar de haber demostrado algo de felicidad, parecía no darse cuenta de lo que sucedía. Elena iba y venía con adornos y globos que le había regalado Enrique el quiosquero (un viejo amigo de su abuelo), e incluso consiguió un par de porciones de torta en la panadería de Doña Elba y Don Antonio, que siempre le regalaban algún chocolate o incluso huevos de pascua cuando era la temporada. Decoro la casa con cuanto objeto colorido encontró, escribió el nombre del pequeño Tomy junto a un viejo cartel que rezaba “Feliz Cumpleaños” y en el que media docena de payasos hacían piruetas con pelotas y cubos, coloco una pequeña vela sobre las porciones de torta, y finalmente se dispuso a iniciar el festejo junto a su hermanastro. Le vendo los ojos, lo alzo para llevarlo hasta el comedor y finalmente lo sentó frente a la mesa.
-Lennnnnnnnaaaaaaaa… lennnnnaaaaaaaaaaaaa…- repetía el pequeño mientras sacudía la cabeza hacia los costados, visiblemente molesto por el vendaje.
-Uno, dos… ¡tres!- contó Elena y luego le quito el vendaje de los ojos- ¡Feliz cumpleañoooooooooooooooooooooos!- grito saltando y sacudiendo en el aire una vieja botella que había llenado con piedritas a modo de maraca.
Tomy ceso de balancearse. Sus ojos se abrieron como nunca antes, y una gigantesca sonrisa invadió su rostro en pocos segundos. Estaba expresando felicidad, y Elena pudo captarlo. Movía la cabeza de un lado a otro recorriendo con su mirada los globos, los adornos, los carteles y cuanta cosa había preparado su hermanastra para él. Parecía no entender lo que sucedía, pero lo comprendía muy bien. Estaba experimentando un sentimiento de felicidad tan grande, que su inexperto cuerpo no sabía cómo interpretarlo ni transmitirlo. No encontraba la forma de exteriorizar todo aquello que lo invadía por dentro, que le hacía vibrar cada fibra y temblar el corazón. Que le hacía querer reír y llorar al mismo tiempo, pero sin poder emitir una sola carcajada ni derramar una sola lagrima..
-Te quiero- dijo la voz de Elena a espaldas del pequeño, que enseguida derramo una lágrima.
-Lennnnna… lennnnna… lennnna- dijo Tomy apretando los ojos con fuerza, como si tratara de decir algo más que solo el nombre de su hermanastra.
Elena se coloco delante del niño, y extendió su mano cerrada en puño hacia él. Tomy miro la mano desconcertado, hamacándose con un pequeño movimiento que comenzaba a aparecer nuevamente. La niña giro la mano colocando el pulgar hacia arriba, y abrió lentamente sus dedos dejando ver un pequeño auto de juguete.
-Este es mi regalo, no es nuevo porque no puedo comprarlo pero espero que te guste- dijo Elena con una temblorosa y emocionada sonrisa en el rostro.
Tomy miro el autito durante varios segundos, y finalmente Elena lo coloco entre las manos del pequeño. Nunca le habían festejado su cumpleaños, ni mucho menos recibido un regalo. Todo aquello era demasiado, y lo colocaba al borde de un colapso emocional. Observo el pequeño auto y luego a su hermanastra. Los labios del niño temblaban de forma inusual como si estuviese experimentando un frió atroz, pero no se trataba de eso. Sostenía el regalo entre sus manos y murmuraba palabras en voz baja, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas que descendían por las mejillas para luego caer al vacío y morir sobre su falda. Elena acaricio su rostro y luego le beso la frente. Lo contemplo un rato preguntándose ¿que estaría sintiendo?. ¿Que sucedería dentro de la cabeza de aquel pequeño en ese momento?. ¿Qué nuevas sensaciones estaría tratando de descifrar su dolida alma?, que toda la vida había hablado solo el idioma del abandono y el maltrato. La niña camino hacia la cocina en busca de un cuchillo con el que cortar las porciones de torta, pero antes de que pudiese dar dos pasos algo detuvo su marcha. Una voz detrás de ella dijo algo que hubiese resultado indescifrable para cualquier otra persona, pero que la pequeña interpreto a la perfección.
-Equeeeeeeeeeeeeeeerrrrroooooooo… lennnnnnnnnaaaaaaaaa… equeeeeeeeeeerrrroooooooooooo…- sonó la voz de Tomy, que ahora retumbaba en el corazón de la niña.
Elena supo en ese preciso momento lo que significaba ser feliz. Sintió cada sonido de aquella frase atravesarla por completo, llegando hasta lo más profundo de su ser e incluso tocándole el alma. Durante varios segundos permaneció estática de espaldas a Tomy. Su mente y su corazón (al igual que los de Tomy) no sabían de felicidad, solo de dolor y tristeza. Era un dialecto diferente, un mundo diferente que jamás habían visitado. Sus vidas transcurrían entre la indiferencia de los demás y la pena de no ser nada para nadie. Entre el no saber nada, o solo saber que aquello que para otros era moneda corriente para ellos era inalcanzable. Que aquello que algunos definían como amor les era esquivo, o les había sido esquivo…hasta hoy.
Los niños se fundieron en un abrazo interminable. Elena lloraba por momentos para luego echarse a reír, mientras que Tomy repetía una y otra vez el nombre de su pequeña hermanastra. No querían soltarse y podían sentirlo en la fuerza de los bracitos del otro rodeándole el cuerpo y presionándole la espalda. El llanto de Elena baño la espalda de Tomy, y las lagrimas del niño hicieron lo propio sobre el largo cabello de la pequeña. Sus corazones latían con tal fuerza que parecían querer escapar de sus pechos, ya fundirse también en un abrazo infinito. Entonces ya no hubo tiempo ni cumpleaños. No hubo torta ni regalo. Todo a su alrededor se volvió débil o hasta irreal, y durante varios minutos solo existieron ellos como hermanos. Sumidos y ahogándose en un océano de amor y felicidad, que les permitía respirar nuevas emociones. Percibir la posibilidad de una nueva vida, en la que tal vez llegasen a ser felices alguna vez.
-Felices...- murmuro Elena sin soltar a Tomy.
-Lennnnnnnnnna... – dijo el pequeño sollozando, y rodeando con mas fuerza a la niña.
-¡¿Que mierda es todo esto?!- grito Omar al entrar a la casa...
Elena sintió que se le paralizaba el corazón. Soltó a Tomy y le dio la espalda, como intentando protegerlo. Su rostro evidenciaba pánico, y todo su cuerpo temblaba al borde de las convulsiones.
-Papá... es el cumpleaños de Tomy y quise...
La mano de Omar impacto de lleno en la mejilla izquierda de Elena, que cayo sobre varios de los adornos destrozándolos por completo.
-¡Me importa un carajo si es su cumpleaños o si esta por morirse, esta es mi puta casa y no un puto salón de fiestas!- grito el inmenso hombre acercándose a la niña, e ignorando al pequeño que había comenzado a acelerar su balanceo y a murmurar de nuevo.
-Por favor papa no me...- dijo Elena derramando bocanadas de sangre, antes de que Omar le asestara una patada en las costillas.
-Eres una mierda, tan mierda como tu madre- exclamo Omar, tomando a la pequeña de los pelos y alzándola en el aire- Esto es una falta de respeto y me la vas a pagar ahora mismo- dijo acercando su rostro al de la niña, que pataleaba débilmente con sus pequeños pies salpicados por la sangre que brotaba de su boca. Omar apestaba a alcohol, como casi siempre, y eso empeoraba las cosas.
-Dommmmmmmmmmmmy... – dijo una voz dentro de la cabeza de Omar, que luego de dejar caer a la niña dirigió su mirada al pequeño.
-¿Y tu que mierda quieres mocoso?, mas tarde me encargare de ti retardado- dijo Omar con una leve sonrisa dibujada en el rostro- Ahora mi cinturón y yo tenemos mejores cosas que hacer con esta estúpida.
-Dommmmmmmmmmy...- escucho nuevamente Omar, pero la boca del niño no se movía en absoluto. El rostro del hombre se crispo en un extraño gesto. Se tomo la cabeza con ambas manos como si estuviese mareado, cerro los ojos y luego volvió a abrirlos. –Demasiada cerveza...- dijo, y camino hacia Elena con el cinturón colgando de su mano.
La niña se movía en el suelo, intentando en vano ponerse de pie. Omar se acerco a ella blandiendo el cinturón, y dando golpes con el en su pierna.
-¿Querías una fiesta? pues vas a tener una- dijo entre risas y babeando por un costado de la boca.
-No papá... no lo...- el cinturón golpeo en el brazo izquierdo de la niña, haciendo explotar un chasquido en el aire. Y luego otro, y otro... y...
-DOMMMMMMMMMMMMMYYYYYYYYYYYYYYYY... – sonó de nuevo la voz, pero esta vez parecía algo enfurecida... casi un grito en la cabeza de Omar, que hasta tuvo que taparse los oídos.
El hombre miro al pequeño niño que ahora se sacudía hacia delante y atrás con violencia sobre la silla. Tenia sus ojos clavados en Omar, pero su boca permanecía inmóvil.
-¡¿Quien mierda te has creído para gritarme?!- exclamo el hombre observando al niño – Maldito invalido yo te voy a enseñar a respetar- dijo Omar acercándose a Tomy, y golpeando nuevamente el cinturón contra su pierna.
Tomy no se movió, incluso dejo de balancearse en tan solo un segundo. Su padrastro agito el cinturón en el aire, como un cowboy que se prepara para enlazar al ganado, y finalmente lo dirigió con violencia hacia el rostro del pequeño...
-DOOOOMMMMMMMMMMMYYYYYYYYYYYYY...- esta vez la voz retumbo en toda la casa. El brazo de Omar se congelo en el aire, y el resto de su cuerpo se paralizo.
-¿Qué mierda...?- dijo el hombre desconcertado. Tomy se puso de pie sobre la silla, como si estos movimientos le resultaran tan naturales y familiares como su balanceo característico. Su rostro estaba lleno de odio, y de sus ojos completamente blancos brotaban destellos de pura venganza. Las paredes y el techo de chapa de la vieja casa temblaban dejando entrar pequeños haces de luz del exterior, y detrás de ellos la única ventana de la habitación estallo en mil pedazos.
-DOOOOOOOMMMMMMMMMMMMMMMMMYYYYYYYYYYYYY...
-Que... no... aghhhhhhhhhhhhhhhh... – Omar intento defenderse, pero no podía controlar su cuerpo. Trato de decir algo pero su boca no le respondía, y solo pudo vomitar bocanadas de saliva que descendieron por su cuello mojándole la camisa. Temblaba descontroladamente como si algo estuviese manejando sus nervios o metido en su cerebro. Pensaba cosas e insultos que quería gritarle al niño, pero no podía. Sus brazos y sus piernas parecían trozos de madera sin articulaciones, y de pronto se encontró sentado en medio del comedor.
-Dommmmmy... Lennnnnnaaaa... dijo el pequeño, volviendo a sentarse en la silla.
Omar permanecía en medio de la habitación sin poder moverse, con la vista clavada en el techo y balanceándose hacia los lados mientras su boca babeaba incesantemente. Elena intentaba ponerse de pie y sintió una mano posarse sobre su hombro. Un estremecimiento se apodero de ella, pero solo hasta que vio que no se trataba de su padre. La mano era demasiado pequeña, y sostenía su hombro con delicadeza.
-¿Tomy?- dijo la niña mientras se incorporaba.
- Elena...- sonó la débil voz, de quien ahora viviría sin el constante balanceo y podría mirar a la pequeña a los ojos.
Leandro Aires
jueves, junio 25
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